Oración por la Paz

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Recuerdo de San Cirilo, obispo de Jerusalén (( 387). Oración por Jerusalén y por la paz en Tierra Santa. En la Basílica de Santa María in Trastevere se reza por la paz.


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Daniel 9,4b-10

Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, no hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas. No hemos escuchado a tus siervos los profetas que en tu nombre hablaban a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, a todo el pueblo de la tierra. A ti, Señor, la justicia, a nosotros la vergüenza en el rostro, como sucede en este día, a nosotros, a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a Israel entero, próximos y lejanos, en todos los países donde tú los dispersaste a causa de las infidelidades que cometieron contra ti. Yahveh, a nosotros la vergüenza, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti. Al Señor Dios nuestro, la piedad y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él, y no hemos escuchado la voz de Yahveh nuestro Dios para seguir sus leyes, que él nos había dado por sus siervos los profetas.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Mientras seguimos caminando en este tiempo de Cuaresma la liturgia de la Iglesia pone en nuestros labios esta oración que el profeta Daniel dirige al Señor por todo el pueblo. Las palabras del profeta comienzan con una sincera confesión de la infidelidad de todo el pueblo hacia Dios, quien por su parte había mantenido el pacto sellado en el Sinaí. Esta traición no tenía excusa: el pueblo y sus gobernantes habían sido advertidos, de generación en generación, por los profetas enviados por Dios precisamente para ponerles en guardia contra la infidelidad. Por ello confiesa: "Tú, Señor, eres justo; a nosotros hoy nos humilla la vergüenza" (v. 7). El profeta reconoce en la oración que la vergüenza es ahora un sentimiento compartido por todos los judíos, ya estén en la patria o en cualquier tierra de exilio en la que residan. Todos, sin distinción de clase ni de cualquier otro tipo, son conscientes de este grave pecado, que es el origen de todas las tragedias que se abaten sobre Israel. Daniel sabe bien que la ruptura del pacto exigiría una condena por parte de Dios. Y sin embargo la oración que el profeta dirige al Señor es atrevida: quiere hacer que su corazón se doblegue para que sea misericordioso con su pueblo. La confesión de las culpas abre el camino, ciertamente, a la petición de perdón invocado por el profeta sobre la ciudad y el pueblo, pero es precisamente la confianza en la misericordia de Dios la que permite albergar esperanzas de recibir el perdón. El Señor escuchará la oración de Daniel y le indicará un tiempo definido para "poner fin al delito, sellar los pecados y expiar la culpa" (cfr. Dn 9, 24): las setenta semanas tras las cuales tendrá lugar el perdón jubilar. La fe en la misericordia de Dios es la razón de la eficacia de la oración de Daniel. Es lo que en varias ocasiones repite Jesús a los discípulos, y también a nosotros.