Andrea Riccardi: “Pío XII sabía de la masacre de judios pero no en sus claras proporciones”

22 Mayo 2020

El fundador de la comunidad de San Egidio cree que el Vaticano apostó por la imparcialidad y el silencio para poder ser un espacio de asilo

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Andrea Riccardi es el fundador de la Comunidad de San Egidio y es también profesor e historiador. Ya en el año 2008 publicó el libro El invierno más largo. 1943-44: Pío XII, los judíos y los nazis en Roma, donde analizaba el papel de la Iglesia durante la II Guerra Mundial, una cuestión que ahora obra actualidad con la apertura de los Archivos Apostólicos Vaticanos relativos a este periodo.

Riccardi publicó un artículo en el Corriere della Sera sobre nuevos documentos del papado de Pío XII, aunque el coronavirus ha obligado a cerrar el acceso a estos archivos a los pocos días de su apertura, y ahora ha concedido una primera entrevista, por teléfono, sobre sus investigaciones.

¿Qué importancia pueden tener estos documentos abiertos a los investigadores?

Teníamos ya, gracias a los volúmenes de Actes et documents, publicados en los años 60 y 70, un material muy interesante pero parcial. Ahora la nueva documentación será importante no solo para conocer el papel de la Iglesia sino para entender el papel de la diplomacia y lo que pasó en el mundo durante la segunda guerra mundial.

¿Se encontrarán documentos reveladores?

Sí, hemos encontrado ya documentos como tres fotos terribles en las que se ven unos prisioneros judíos, desnudos, a punto de ser asesinados y unos soldados alemanes que entierran los cadáveres. Las fotos, procedentes de un campo de concentración de Polonia, las hizo un judío que las hizo llegar a Bernardini, el nuncio en Suiza, en 1943.

¿Y cree que las vio Pío XII?

Los informes del nuncio llegaban al Vaticano pero creo que las fotos quedaron en la Nunciatura, en la época no era tan fácil hacer copias. No estoy seguro pero las fotos probablemente no llegaron a la Secretaría de Estado.

¿El papa Pío XII supo de las masacres de judíos?

Creo que la cuestión está mal planteada. Para los apologistas es importante demostrar que el Papa no sabía y para sus detractores, al revés. Pero creo que el deber del historiador, como decía Marc Bloch, es comprender.

En su artículo cita un revelador diálogo entre Pío XII y monseñor Angelo Roncalli, entonces nuncio y que más tarde sería el papa Juan XXIII

Roncalli anotó en su diario acerca de esta conversación con el Papa: “Me preguntó si su silencio sobre el comportamiento del nazismo estaba siendo juzgado de forma negativa”. Y es interesante porque indica que ya en 1941 el Papa hablaba del “silencio” como una elección. Ese mismo año, los católicos polacos hablan también del silencio del Vaticano ante la persecución de la que son objeto. La estrategia del silencio ya funcionó durante la I Guerra Mundial. La Iglesia optaba de nuevo por ser imparcial durante la guerra para preservarse como un espacio de asilo, de ayuda humanitaria y de mediador para la paz.

¿Pero había presiones sobre el Vaticano para que tomara partido?

Sí, sobre todo desde los Estados Unidos. En septiembre de 1942 Myron Taylor, representante del presidente Roosevelt, acude al Vaticano y le entrega un informe sobre los crímenes nazis e insiste para que el Papa los condene. Pero Pío XII no seguirá su consejo. En la Navidad de ese año envía un mensaje por radio, muy genérico, en el que condena la muerte o el deterioro progresivo de personas “a causa de su nacionalidad o raza”. Y cuando se le dijo que era poco concreto, el Papa respondió que de haber mencionado a los nazis también hubiera tenido que referirse a los bolcheviques, y eso no hubiese gustado.

¿En todo caso, la posición del Papa y del Vaticano no era fácil?

No, era difícil e iremos encontrando documentos en los Archivos del Vaticano que mostraran la complejidad del momento. Sabían de las masacres pero no tenían una idea clara de la proporción que representaban. Lo veían como una consecuencia dramática de la guerra pero no valoraban la magnitud del drama. De hecho, Angelo Dell’Aqua fue de los que dijo que quizás se exageraban algunas cifras. Más tarde hemos descubierto que Dell’Aqua también en otras ocasiones se equivocó. En cambio, sabemos que el obispo Pirro Scavizzi, tras dos viajes a Polonia y Ucrania informó al Papa ya en octubre de 1942 que podía haber hasta dos millones de judíos asesinados. Pero el Papa prefirió ejercer de puente e intentar buscar la paz y un equilibrio antes que condenar. El Vaticano no quería ser el aliado de los aliados, ni de ninguna fuerza en lucha. Quizás es más difícil de entender su silencio cuando el drama es más cercano.

¿Por qué el Papa calló cuando se produjo, en 1943, la razzia fascista contra un millar de judíos en la misma ciudad de Roma?

Es un momento dramático, porque la represión llega hasta debajo de la ventana del Papa. En mi libro del 2008 he estudiado este episodio y pese a las dificultades que entrañaba, también decidió no hacer una condena pública. Fueron nueve meses de ocupación nazi de Roma y en ese tiempo las iglesias se transformaron en un espacio de asilo. No sé si los alemanes sabían que se acogió a miles de judíos. Se llegó a decidir que la mitad de los romanos escondieron a la otra mitad. Creo que los alemanes sabían bastante, pero decidieron no entrar en conflicto con el Vaticano. Era una partida delicada y complicada.

¿Su conclusión a la vista de lo que se conoce en estos momentos?

Diría que los instrumentos diplomáticos del Vaticano no fueron los adecuados. Y en ese drama la decisión tomada no dejó de ser una derrota ante el drama. Pero el problema no es defender o acusar al Papa por su actuación, es absurdo, lo importante es intentar comprender porqué se actuó de una determinada forma.

El coronavirus ha obligado a cerrar los Archivos Vaticanos, y ahora parece que toda la atención está centrada en su impacto.¿Cómo cree que nos va a afectar en nuestro futuro?

El futuro ha entrado en un nuevo tiempo. Hemos visto que no tenemos los instrumentos para afrontar una crisis como esta. Y al mismo tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de la cuestión ecológica y también, de forma dramática, de la justicia económica de una sociedad que ha de cambiar. Hemos descubierto la necesidad y el valor de las relaciones humanas, el confinamiento nos ha hecho percibir la necesidad de fortalecer los vínculos con la familia, con las personas más próximas, con la sociedad.

 

(Lee el artículo en La Vanguardia)


[ Josep Playà Maset ]