Oración por la Iglesia

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ezequiel 36,23-28

Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahveh - oráculo del Señor Yahveh - cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos. Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo. Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El profeta reproduce las palabras de Dios a su pueblo: "Yo santificaré mi gran nombre, profanado por vosotros entre las naciones, profanado allí por vosotros". El comportamiento pecaminoso de Israel afecta al mismo Dios, es desfigurarlo, infamarlo. Dios mismo intervendrá purificando a Israel y convirtiéndolo en testigo de la santidad de Dios y de su nombre. En el Padrenuestro Jesús nos enseñó a decir: "Santificado sea tu Nombre". Santificar el nombre de Dios significa participar en su santidad, es decir, entra en comunión con Él, el Señor todopoderoso y misericordioso. Dios quiere que nosotros vivamos su santidad, que no es solo separación -porque él es distinto de nosotros- sino también comunión de vida y de amor. Hace algunos gestos que muestran esta voluntad de Dios por su pueblo disperso y sin tierra, que es la señal de la alianza de Dios. "Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo." Este es el primer gesto de amor de Dios: reunir al pueblo de la dispersión, reconstruir el pueblo disperso en unidad. "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados": el encuentro con el Señor crea un pueblo y purifica del pecado que separa de Dios y de los hermanos. Y por último: "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne". Necesitamos purificar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, las acciones que llevamos a cabo, porque a veces también nuestro corazón se vuelve de piedra, duro ante los demás, sobre todo ante el dolor, ante el sufrimiento y ante los pobres. Con su Palabra, el Señor nos da un corazón de carne, un corazón como el suyo, capaz de tener compasión y misericordia.