Memoria de la Madre del Señor

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Recuerdo de los primeros mártires de la Iglesia de Roma durante la persecución de Nerón.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Amós 3,1-8.11-12

Escuchad esta palabra que dice Yahveh contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto: Solamente a vosotros conocí
de todas las familias de la tierra;
por eso yo os visitaré
por todas vuestras culpas. Caminan acaso dos juntos,
sin haberse encontrado? ¿Ruge el león en la selva
sin que haya presa para él?
¿Lanza el leoncillo su voz desde su cubil,
si no ha atrapado algo? ¿Cae un pájaro a tierra en el lazo,
sin que haya una trampa para él?
¿Se alza del suelo el lazo
sin haber hecho presa? ¿Suena el cuerno en una ciudad
sin que el pueblo se estremezca?
¿Cae en una ciudad el infortunio
sin que Yahveh lo haya causado? No, no hace nada el Señor Yahveh
sin revelar su secreto
a sus siervos los profetas. Ruge el león,
¿quién no temerá?
Habla el Señor Yahveh,
¿quién no profetizará? Por eso, así dice el Señor Yahveh:
El adversario invadirá la tierra,
abatirá tu fortaleza
y serán saqueados tus palacios. Así dice Yahveh:
Como salva el pastor de la boca del león
dos patas o la punta de una oreja,
así se salvarán los hijos de Israel,
los que se sientan en Samaria,
en el borde de un lecho y en un diván de Damasco.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El tema de la elección del pueblo de Dios por parte de Dios es fundamental en la predicación profética y en toda la predicación cristiana. Dios es el origen de la salvación de su pueblo y de todos los pueblos de la tierra. El profeta, a través de siete ejemplos, ayuda a leer en profundidad la historia que ha vivido el pueblo y las señales que le han mostrado. La Palabra de Dios, comparable al rugido del león, es una fuerza espiritual que sale con ímpetu irrefrenable, provocando indefectiblemente el efecto para el que ha sido enviada. Dios eligió al pueblo de Israel para destinarlo a una misión, la misión de anunciar su Palabra hasta los confines de la tierra. Por eso no es una alianza cerrada. Al contrario, es para todos los pueblos, como dirán en varias ocasiones los profetas. Enviando a Jesús, esta perspectiva universal alcanza su culmen más claro. Dios nos ha elegido -sin que ello signifique revocar la elección del pueblo de Israel- para que acojamos su Palabra y nos convirtamos en sus anunciadores y testigos en todo el mundo. Esta Palabra -la de Dios, no la nuestra-, precisamente por la misión que debe llevar a cabo, tiene una fuerza irresistible que supera incluso los límites de los creyentes. Si Dios ha hablado, dice Amós, ¿quién puede no profetizar? Cuando Dios habla, si le escuchamos, no podemos no ser profetas en este mundo. La palabra final de Amós nos interpela a una nueva espiritualidad: "Esto voy a hacerte, prepárate, Israel, a afrontar a tu Dios".