Memoria de Jesús crucificado

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Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Jeremías 20,10-13

Escuchaba las calumnias de la turba:
"¡Terror por doquier!,
¡denunciadle!, ¡denunciémosle!" Todos aquellos con
quienes me saludaba
estaban acechando un traspiés mío:
"¡A ver si se distrae, y le podremos,
y tomaremos venganza de él!" Pero Yahveh está conmigo, cual campeón poderoso.
Y así mis perseguidores tropezarán impotentes;
se avergonzarán mucho de su imprudencia:
confusión eterna, inolvidable. ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo,
que escrutas los riñones y el corazón!,
vea yo tu venganza contra ellos,
porque a ti he encomendado mi causa. Cantad a Yahveh,
alabad a Yahveh,
porque ha salvado la vida de un pobrecillo
de manos de malhechores.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este pasaje ha sido extraído de la última y más dramática de las "confesiones" de Jeremías. El texto tiene las características de una oración del profeta tras haber sido azotado y encerrado en una cárcel durante toda la noche. Jeremías habla del conflicto que se ha creado entre su misión profética y la oposición a esta; de hecho se encuentra incomprendido y completamente abandonado; alrededor suyo solo ve enemigos; hasta los amigos de antaño ahora no hacen sino espiar su caída como queriendo reírse de él. A pesar de semejante enemistad a su alrededor, Jeremías no se deja sorprender por el desánimo y refuerza su confianza en el Señor: "Pero el Señor está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perseguidores tropezarán impotentes". Las dificultades no le llevan a encerrarse en sí mismo y a albergar rencor y rabia. No obstante, permanece la indignación por la dureza del corazón de los israelitas que sin embargo le confirma en el ministerio de la profecía. Sabe que el Señor está con él. Desde la perspectiva del Antiguo Testamento, su oración augura la venganza de los enemigos que en una visión evangélica se convertirá en oración de perdón para que les llegue la misericordia de Dios y cambien su vida.