Oración de la Vigilia

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Recuerdo de la deportación de los judíos de Roma durante la Segunda Guerra Mundial.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 12,8-12

«Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. «A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

A los discípulos se les juzga ya por si están unidos o no a Jesús, hasta el punto de decir que la fidelidad que profesamos a Jesús lo une a nosotros de manera aún más firme. Quien sigue el Evangelio y persevera en el camino que este muestra, incluso cuando llega el momento de la prueba, se salva porque el Señor está con él. Pero quien se deja dominar por el miedo y reniega del Evangelio y de sus hermanos, se destruye solo. Jesús ya lo ha dicho otras veces: "Quien quiera salvar su vida, la perderá". Él conoce nuestra debilidad y sabe que podemos ceder a los halagos de las tentaciones y caer en el pecado. Jesús siempre está dispuesto a perdonar, como sugiere la afirmación siguiente: "A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará". Se podría decir que Jesús tolera la incomprensión hacia él y el arrepentimiento posterior, pero no puede tolerar el engaño sobre el plan de amor de Dios, es decir, no reconocer su misericordia. Eso es una verdadera blasfemia. Y añade: "Pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará". También el evangelista Marcos cita estas severas palabras y añade: "Es que decían que estaba poseído por un espíritu inmundo" (3,30). El pecado contra el Espíritu es no reconocer en Jesús la presencia misma de Dios y también no reconocer en la Iglesia, en la comunidad cristiana, la acción del Espíritu Santo que perdona y consuela. Si no reconocemos la presencia de Dios en Jesús y también en la Iglesia como una reserva de misericordia, blasfemamos contra Dios y nos excluimos del camino de la salvación porque negamos el amor misericordioso de Dios. Las palabras de Jesús son severas para quien traiciona, pero son palabras de consuelo para quien persevera. El Señor comprende nuestra debilidad y siempre nos acompaña, especialmente en los momentos difíciles: "No os preocupéis", nos dice, "el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir". La compañía del Señor es nuestra fuerza.